Línea Abierta

Por 21/03/2014Noticias

Recuerdo perfectamente esa mañana soleada. Me encontraba situada en el centro del enorme estadio olímpico de Barcelona, esperando a que me dieran la señal para comenzar la presentación de un programa de “Tiempo de Creer” (ahora “Buenas Noticias TV”), para la 2 de TVE.  Un helicóptero sobrevolaba el estadio, lugar que en unos pocos días se iba a convertir en el centro del mundo; cientos de millones de ojos contemplaría con fascinación y emoción la apertura de los Juegos Olímpicos 1992.

Mientras esperábamos que el ruido del helicóptero cesara, micrófono en mano, contemplé a los operarios que ultimaban algunos detalles entre los miles de asientos que nos rodeaban. Me sentí muy pequeña y en mis pensamientos trataba de imaginar la emoción de los atletas que tendrían la responsabilidad y el privilegio de representar a sus respectivos países. Dar todo, en pocos minutos, llegar a la gloria o sufrir una derrota; las privaciones, la disciplina férrea y perseverante, la lucha por esas décimas que diferencian, para siempre, el primero y los demás aspirantes a las codiciadas medallas…

El atleta es una de las figuras más representativas de quiénes somos ante Dios y la sociedad que nos rodea. No hay atajos para llegar a tener una musculatura espiritual que responda a los desafíos de los obstáculos que todos enfrentamos en nuestra carrera diaria. Enfocar nuestro corazón, mente y espíritu, todo nuestro ser, en correr con paciencia, compromiso, entrega y gratitud, es lo que da sentido a nuestra existencia, porque somos representantes y embajadores de un reino invisible, espiritual, al que somos llamados a hacer visible y creíble.

De esto se trata en otra edición de NOSOTRAS. Nos animamos mutuamente a correr hacia la meta con testimonios que enriquecen; compartimos pensamientos y reflexiones; y miramos más allá de nuestras fronteras, a otras necesidades, a otras culturas. Recordamos a varias mujeres ejemplares, modelos a seguir, cuyo objetivo en la vida fue y es el ser “sal y luz”, mujeres de ayer y mujeres de hoy.

Hay lugar también para tí en medio de Nosotras. Te invitamos a que compartas tu experiencia personal al seguir en las huellas de Jesucristo, porque todas estamos enfrentando obstáculos y pruebas que se nos antojan gigantes. Sufrimos alguna derrota, es cierto, pero nos levantamos, porque la carrera continúa hasta el final.

Recuerda que no estás sola en tu camino si te aferras a Su mano, marcada profundamente por las señales de Su amor incondicional; Su mano sostiene el vasto universo, y también te sostiene a ti.

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